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Posts Tagged ‘No a Keiko Fujimori’

LA FUJIMORIZACIÓN


Y por qué está en todas partes

Artículo de Gustavo Faverón.

Queremos suponer que la “fujimorización” del Perú es una suerte de enfermedad que sólo afecta, de manera específica, a quienes desperdician la posibilidad democratica votando por el fujimorismo. Lamentablemente, no es así. Lo que llamamos “fujimorización” no se circunscribe a los votantes fujimoristas; afecta a los peruanos mucho más allá de ese límite. La manera más discreta y breve de descrfibir la “fujimorización” es señalarla como un proceso de pérdida de vergüenza ante los hechos que más obviamente deberían avergonzarnos.

Antes de la primera elección de Alberto Fujimori, en 1990, los peruanos les pedíamos a nuestros políticos un cierto grado de decencia. Nada extremo: la política siempre ha perdonado demasiado. Pero no elegíamos gobernantes que fueran evidentemente vergonzosos o vergonzantes; si resultaban serlo, eso lo descubríamos en algún momento de los siguientes años, no durante el tiempo de sus candidaturas. O se trataba de gobernantes arribados a una posición de poder por la fuerza de las armas, la manipulación, los juegos de influencia; no convertíamos alegremente en dignatarios a los maleantes por voto popular.

Hoy, Keiko Fujimori puede decir en un débate público que “la mayoría” de sus asesores “son intachables” y eso no ocasiona un escarnio multitudinario. Unos observamos el lapsus de mediana transparencia; otros, le critican la falta de tino para expresarse; otros, una gran parte, no se fijan, no ven nada extraño. La verdad es que a Keiko Fujimori le basta con decir que un cierto asesor no ha sido condenado para volverlo viable. “Intachable”, en la lengua del fujimorismo, es un adjetivo que puede designar a alguien que escapó de la justicia por un pelo. Para hacer política en el Perú con aire de legitimidad basta con estar fuera de la cárcel. Y, como sabemos, ni siquiera esa es una condición necesaria.

Pero la “fujimorización” va más allá. Los peruanos hemos aprendido a convivir con muchas más cosas. Un cardenal puede ridiculizar la democracia y los derechos humanos, y servir descaradamente a los afanes políticos de una banda inmoral, sin que eso socave su posición como jefe de la Iglesia en el Perú. Puede perseguir a una universidad, instrumentalizando a la justicia con la ayuda de sus aliados autoritarios, sin que el asunto sea entendido como una afrenta contra la libertad de pensamiento y como una humillación contra la moral cristiana.

Los periodistas pueden torcer cualquier verdad sin esperar que su deshonestidad les acarre un castigo de ninguna especie. Los dueños de un medio de comunicación pueden adelantarse a la cooptación de la futura dictadura y obsequiársele de cuerpo y alma aun antes de que el régimen sea nuevamente realidad. Un enorme sector del país cierra los ojos voluntariamente ante la evidencia de esa vileza y olvida cualquier estándar ético o moral: hasta que pasen las elecciones y se aseguren cinco años de un modelo económico que les permita vivir sin mirar alrededor, están dispuestos a colocar sus principios (incluso si esos principios son fingidos y superficiales) en la congeladora.

El otro vector de la “fujimorización” es la estupidez. Lamentablemente, ella atañe también a muchos de quienes se oponen al regreso del fujimorismo. Gran parte de la oposición (porque, en la práctica, quien se enfrenta al fujimorismo en el Perú ya está en la oposición) ha olvidado que la defensa de la moral nacional no es una bandera ridícula. Tras años de llamar, despectivamente, “moralistas”, a cualquiera que propusiera unas formas de convivencia no sólo legal sino realmente civilizada, ahora les es totalmente ajena la noción de defender la legalidad en nombre de la ética y la moral.

Una parte de eso la he visto yo de cerca: la blogósfera, por ejemplo, fue capturada hace años por una parvada de tontos disfuncionales a los que la propuesta de cualquier norma de respeto mutuo les parecía “autocrática” o “autoritaria”. En la práctica, instituyeron un espacio en el que la pose de defensa democrática conviviía con todas las formas imaginables de desprecio por el otro, desde la campaña de desprestigio hasta la irrupción en la privacidad ajena, desde el chantaje hasta la censura a quienquiera que se atreviera a responder. A cambio de columnas en diarios que hoy son poco menos que voceros del fujimorismo, o de cachuelos payasescos en programas de televisión, esos bloggers convirtieron un espacio potencial de respuesta al fujimorismo en uno más de sus frutos. Basta ver la manera en que tratan la coyuntura actual, como si las elecciones de este domingo fueran un partido de fútbol o el siguiente número de un cómic.

La “fujimorización” de la sociedad peruana es la que convierte a mediocres en estrellas. Está en la televisión de Lúcar, de Pérez Luna, de Magaly Medina, de Bayly, de Beto Ortiz, de Aldo Miyashiro. No importa si circunstancialmente alguna de esas personas está en favor o en contra del fujimorismo: sus vaivenes y sus zigzagueos son el fruto de la perversa educación en la banalidad que inició Alan García en 1990 y que prolongaron e hicieron costumbre Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, Martha Chávez, Luz Salgado, Luis Delgado Aparicio, Jorge Trelles, Martha Hildebrandt, Luisa María Cuculiza, etc., la misma que hoy representa Keiko Fujimori.

Es irónico: uno ve las columnas publicadas por los bloggers de mentalidad infantil, los libros escritos por los novelistas del fast-food a destajo, los programas de televisión que engendra tanto payaso bidimensional, y luego uno ve a Keiko Fujimori como candidata presidencial, y uno se da cuenta de que todo es lo mismo: por encima de cualquier otra cosa, es la desvergüenza de la idiotez, la admiración por la mediocridad, la insólita y orgullosa victoria de la inpacapacidad de reflexión.

Más allá de que este domingo gane Ollanta Humala o gane Keiko Fujimori, el hecho de que no haya ningún partido político real y suficiente detrás de ninguno (ni detrás de ninguno de los candidatos que quedaron en la carrera) ya es una victoria de la “fujimorización”.

Obviamente, será peor si además gana el fujimorismo. Pero sería un gran error creer que el fujimorismo político es el único rival. El proceso de pérdida de la vergüenza y de pérdida del orgullo, el proceso de creciente desamor por la inteligencia y por la actividad intelectual, el proceso de desvanecimiento de los límites éticos y de la conducta moral, todo eso a lo que llamamos “fujimorización”, sigue adelante, y es el rival trascendente, el que deberemos derrotar, sin importar cuál sea el resultado de la elección.

La sola coyuntura de elegir entre dos opciones y que una sea una mafia, y que esa mafia tenga el apoyo de millones de peruanos, ya es una derrota, de la que tendremos que resarcirnos pronto si queremos ser un país viable.

Todos los peruanos contra la corrupción


Desde las 2 de la tarde, miles de personas pertenecientes a colectivos civiles, asociaciones independientes, jóvenes universitarios, civiles de a pie, madres de familia, trabajadores, abogados y todos los que estamos en contra de la corrupción marchamos desde la Plaza 2 de Mayo hasta el Campo de Marte, por diversas calles del centro de Lima. También se realizaron marchas pacíficas en Chiclayo, Ayacucho, Trujillo y Cuzco.

En el camino hacia el punto de concentración recibíamos adhesiones y expresiones de apoyo de taxistas, choferes de combi y transeúntes; también recibimos el rechazo de algunos que no están de acuerdo con acabar con la corrupción (¿?), y todo es respetable, para eso estamos en democracia.

Pero lo grave fue que recibimos el ataque violento de un sujeto ubicado en la Plaza Bolognesi, entre la Av. Guzmán Blanco y Paseo Colón (a pocos pasos del local fujimorista). El sujeto se acercó violentamente, nos quitó la banderola, se la quiso llevar y nos agredió con empujones porque caminábamos pacíficamente hacia la Plaza 2 de Mayo.

Luego de arrojar la banderola en medio de la pista entre los autos, se acercó nuevamente para agredirnos. Cuando recuperamos la banderola y retomábamos la caminata, sacó un manojo de llaves del bolsillo e intentó romper la banderola.
Ante la violencia del sujeto, algunos transeúntes y dos policías se acercaron a increparle al tipo que nos dejara tranquilos. Luego continuamos nuestra marcha, y el sujeto se quedo amenazándonos parado frente al local fujimorista (¿qué casualidad no?).

La marcha fue multitudinaria, duró casi 4 horas, en muchos casos participó gente espontánea que se unía al rechazo a la corrupción.

La gente demostró no tener miedo a la mafia fujimorista.

Todos estamos cansados de agachar la cabeza, cansados de tanta corrupción, cansados del abuso de los que quieren manipular la opinión pública.

Tenemos que hablar fuerte y sin miedo, defender a nuestro país de la corrupción y evitar que regresemos al pasado infame de un gobierno fujimorista.

Es el inicio de un cambio positivo para el país.

MANIFIESTO DEMOCRACIA REAL PARA EL PERÚ:
https://estamosjodidos.wordpress.com/2011/05/21/democracia-real-para-el-peru/

¡Desde aquí más fotos de la marcha!

Con esperanza y dignidad ¡Fujimori nunca más!


La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y diversos colectivos ciudadanos, estudiantes y artistas, convocan para este jueves 26 de mayo de 2011 una gran movilización nombrada “Con esperanza y dignidad: Fujimori nunca más”

Participemos todos en esta manifestación pacífica y democrática, frente a la posibilidad de la reinstauración de un régimen violador de los derechos humanos y corrupto a través de la candidatura de Keiko Fujimori.

Es nuestro momento de actuar como ciudadanos. No nos dejemos engañar por la corrupción y su campaña de miedo. Si unimos nuestras fuerzas, todos los peruanos, de costa, sierra y selva podemos iniciar un cambio positivo para nuestro país.

No tengamos miedo de expresarnos, de querer vivir en un Perú mejor, en un Perú justo, igualitario y digno.

Manifiesto: DEMOCRACIA REAL PARA EL PERÚ
¡Lee, comenta y difunde entre tus amigos y familiares!

¿Qué les diremos?


Artículo del periodista peruano César Hildebrandt sobre la coyuntura electoral y el posible retorno a la época más oscura e infame del Perú.

¿Qué les diremos?
Por: César Hildebrandt.

A mí lo que me preocupa es qué les vamos a decir a los jóvenes inteligentes e ilustrados (claro que los hay) si Keiko Fujimori, como parece que podría suceder, llega a la presidencia.

-¿No es esta señora la hija de un señor que está condenado a la cárcel por asesino y por ladrón?- preguntará el joven.

Sí -le diremos. Pero los hijos no heredan los defectos de sus padres. Tú, por ejemplo, eres más inteligente que tu padre.

-Ya sé que los niños no heredan los defectos de los padres. ¿Pero no es cierto que se la señora Keiko ha dicho que el de su padre fue el mejor gobierno de la historia del Perú? ¿No pidió para su padre, el otro día, “un aplauso tan fuerte que se escuche hasta la DIROES”?,-  preguntará el joven.

-Sí, pero eso lo hace por amor filial- disimularemos.

-¿Y no es cierto que el 90% de la gente que acompaña a la señora Keiko es la misma gente que acompañó, entre robos y crímenes de lesa humanidad, a su papá?

-Sí, pero todos podemos cambiar- diremos.

-Ya sé que podemos cambiar- insistirá el joven. Pero, entonces, ¿por qué el señor Souza o la señora Chávez siguen diciendo que los jueces que condenaron al señor Fujimori tendrán que pagar por lo que hicieron? ¿Ha cambiado el señor Trelles cuando dice que Fujimori pasará a la historia como el hombre que derrotó a la barbarie y que la democracia a veces puede interrumpirse, cuando la patria lo demanda?

-Pero esas son opiniones- nos defenderemos.

-Pero, al fin y al cabo, lo de Hitler también era una opinión- dirá el joven, entre irónico y fulmíneo.

Y en ese momento sentiremos vergüenza. Asco y vergüenza. Y ya no diremos nada. Y trataremos de salir de la escena. Pero como la juventud es divina pero inmensamente cruel, entonces el joven cogerá una manga de nuestra chaqueta, nos hará voltear y nos preguntará demostrando que lee y que se interesa por la historia:

– ¿Puede usted decirme si algún hijo de Anastasio Somoza fue presidente?

– No. Ninguno.

– ¿Y algún hijo de Trujillo?

– Tampoco.

– ¿Y de Pérez Jiménez?

– No. Pero, ¿a dónde quieres llegar?

– A que somos muy especiales, ¿verdad?

Y nos podremos rojos. De vergüenza. De vergüenza y asco. Y volveremos a irnos y a callarnos.

Entonces el joven, casi a gritos, nos preguntará más corrosivo que nunca:

– ¿No nos dijo usted que las elecciones servían también para medir la dignidad de un pueblo?

Y no tendremos nada que decir.

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