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Amanecer lluvioso

14 septiembre, 2013 1 comentario

basura-riqueza-el-roto

 

Al despertar y notar un agradable sonido acercándonos a la ventana para observar qué sucede nos encontramos con la sorpresa de unos cristales mojados por la lluvia que estaba salpicando con unas finas gotas marcando el surco al resbalar por  los mismos, contemplando el exterior aparecieron unos bellos relámpagos atravesando los cielos nubosos donde aparecen ya algunos pequeños claros.

A los pocos segundos un ruido estremecedor desconociendo de donde proviene por su magnitud nos ha hecho sentir ante la bravura al igual que reconocer que ante los fenómenos de nuestra madre tierra no somos más que unos simples humanos que tal vez por casualidad hemos tenido la suerte de estar dotados de una inteligencia la cual no sabemos aprovechar al estar de paso, el tiempo que un relámpago llega a la tierra para volver a sus orígenes.

A la vista de este hecho nos recuerda lo débiles que somos así como el pequeño periodo de nuestra transición por la tierra preguntándonos el para que sirve maltratar el planeta al igual que acaparar valores materiales que a nuestro paso no nos servirán para nada mientras en el mundo ya no, si no cerca de nosotros hay gente necesitada que con poco que les ayudáramos nos sentiríamos todos más felices.

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Xavi & Míriam
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Indecencia escrita de Luis García Miro


fascismo

 

Es tan indecente como inmoral el escrito del día 7.12.2012 que se ha permitido redactar ese Luis García que da asco creer que pueda existir en la actualidad alguien con unos pensamientos tan retorcidos como para alabar no una derecha política, la cual siempre hemos respetado, sino un fascismo ultrajante y que ya fue condenado por todo el mundo en su día por la lacra de muertes producida.

Después de tanto pisotear a las ONG como éste elemento se permite alardear parece que no recuerda que en nuestro país y gracias a muchas de ellas pudieron comer miles de personas pues el hambre acuciaba con la vergonzosa economía lastrada por los gobernantes que nada les preocuparon los ciudadanos.

Es una pena y una deshonra como humanos los pensamientos cínicos de unos desaprensivos como éste que con toda la falta de respeto hacia lo que le rodea como hombres, mujeres, niños, animales, naturaleza, etc., etc., pretenda hacernos creer las delicias reportadas por las ideologías afines al nazismo que por supuesto quedan pocos pese a que siguen cacareando con mucho ruido y lo peor de todo es que de tanto en cuanto logran que alguien les siga.

Una falta de respeto a la sociedad y un desprecio a las organizaciones sin ánimo de lucro que no son pocas tanto de ideología de derechas como de izquierdas no se merecen comentario alguno de un tipejo donde solo refleja odio a sus semejantes que no piensen como él.

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Xavi & Míriam
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No quiero seguir siendo occidental


Hoy queridos lectores, os ofrecemos un artículo de opinión del periodista César Hildebrandt. Lo compartimos con vosotros porque creemos que es de interés para todos.

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Xavi & Míriam
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No quiero seguir siendo occidental

Por César Hildebrandt.

El mundo occidental, que cree saberlo todo, no deja de colonizar el extenso continente de la estupidez.

Una prueba es la calidad de los candidatos republicanos que habrán de enfrentar a ese prisionero de la Casa Blanca llamado Barack Obama. Todos ellos habrían avergonzado a los Estados Unidos cuando sus ciudadanos en el College sabían quién era Faulkner, qué diablos quiso decir Kerouac, por qué era importante, aunque poco práctico, leer a Gide.

Otra prueba de ese proceso de empobrecimiento neuronal es lo que proponen -y hacen- los secuaces de la decadencia, es decir los primeros ministros y presidentes titiriteados por las corporaciones. Ahora resulta que los trabajadores tienen la culpa de todo lo ocurrido y hay que empobrecerlos. Y hay que desmantelar, de paso, el Estado del Bienestar para que la ley de la selva determine quién deba sobrevivir.

Osea que para salir de la crisis hay que agudizarla. Y para salir de la pobreza hay que llegar a los harapos. Y para recuperar algún día el gasto social, ha y que abolirlo ahora. Y para volver a ser felices, ha y que decretar la infelicidad: precariedad absoluta en el empleo, jubilaciones más tardías, asistencia médica mochada. Es como volver a la naturaleza, a la lógica de los depredadores y a la vulnerabilidad de las presas.

Mientras los bancos han recibido el dinero suficiente como para eliminar, hoy, el hambre de la faz del a tierra, los que pagan el pato son los de siempre, en España o en Grecia. Que para ellos está la policía, el gas pimienta, el varazo eléctrico. Pagan el pato los derrotaos crónicos: los que votan por sus verdugos o los que ven convertirse en verdugos a sus representantes una vez que llegan al poder. Es decir, el viejo y procaz adagio, “El día que la mierda tenga valor los pobres nacerán sin culo”.

El problema es que todo tiene su límite. Se vio en Santiago de Chile, se lamentó en Atenas, se condena en Valencia: las perdices están hartas de serlo.

La respuesta a las víctimas insurrectas es la policía. Y junto a la policía, la vieja trinchera argumental de los idiotas: “No hay alternativa”.

La aldea global nos permite saber, en transmisión simultánea, cuántos mueren en Siria, de qué tamaño es la frustración en Egipto tras la caída de Mubarak, cómo funciona la transición en Libia.

Uno, entonces, se pregunta: ¿Es que la historia sólo sucede en países del Oriente Próximo?

Así parece. Así es. Las cosas cambian donde las dictaduras se creyeron eternas (o donde Estados Unidos decide hundir países para luego reconstruirlos como fueron los casos de Irak o Afganistán). Pero hay algo pétreo, inmóvil, más allá del bien y del mal, no sujeto a ningún veredicto popular en lo que es la Europa visigoda.

En esos parajes de quietud, todo parece dicho. Y, sin embargo, en ese corazón de la cultura occidental se ejerce la dictadura más hipócrita y más eficaz: la del dinero. Es una dictadura que no necesita acallar a la prensa porque es ella la que la sostiene, que no requiere sino de elecciones periódicas para legitimarse, que está decidida a mantenerse en el poder sin importar quiénes la representan. Porque, salvo los matices, todos los políticos proponen lo mismo y todos los partidos en liza aspiran a la misma inmortalidad: producir lo que sea en usinas insomnes hasta que no haya ozono que ultimar ni verde que desaparecer ni selvas donde respirar. Y llamar a eso razón, civilización, cultura, tradición.

Quisiera ser piel roja para entender mejor el mandato de las cosas simples, las órdenes del planeta herido. Quisiera ser saharaui para saber qué es no tener reconocimiento y ser inexistente para los cancilleres. Quisiera ser kurdo, esquimal, palestino, huambisa, lobo estepario, animal huyendo de los safaris en el Serengueti, planta silvestre. Lo que no quiero seguir siendo es “occidental”. Me asquea.

Categorías:Alimentos, Arte, Costumbres, Cultura, Economía, Educación, Filosofía, Historia, Música, Política, Religión, Salud, Sexo, Transporte, Turismo, Varios Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Va de rojos, verdes e idiotas


Leemos en la columna de “La Razón” por el director Uri Ben Schmuel con sus transmisiones mediáticas y comparaciones con desastres provocados por terroristas, así como un futuro belicoso (que no dudamos le encantaría sucediera a raíz de sus escritos) donde tacha de “idiotas rojos” a quienes se preocupan por la naturaleza, sin respetar a la persona ni sus creencias.

De verdad nos da asco este maldito juego sucio, que imaginamos oculta unos enormes intereses por parte de este individuo con su forma de dirigirse a la ciudadanía, donde todo es terrible salvo su opinión que vemos también está muy embriagado por la España caduca, que por suerte se libraron de ella al entrar la democracia, esas expresiones de “idiotas rojos reciclados” como manifiesta deberían darle vergüenza al sujeto ese, pues de sobras está reconocido que el medio ambiente debemos de cuidarlo de lo contrario sólo provocamos un anticipo del fin a lo único que tenemos y es el planeta.

Absurdo, intolerante, despectivo, frívolo, etc., el pretender equiparar una educación medioambiental reconocida por todo el mundo sacando datos novelescos sólo con el fin de pretender convencer a unas fuerzas fanáticas oscurantistas en pleno siglo XXI, sólo refleja su añoranza a épocas remotas de inquisitivas y logicamente ostentando un cargo de poder (bufff… nos mandaría a todos a la hoguera con tal de preservar sus intereses recónditos).

Xavi & Míriam

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